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Me saqué la toalla, la puse contra un lavarropas, me la empecé a cojer diciéndole que ahora sus amigas saben que se hace la señora pero es tremenda puta. Ella me empezó a suplicar que le acabe en la boca, se tragó toda mi leche y siguió chupandomela otro largo rato. Que baje al estacionamiento en ropa interior y sólo una pequeña bata encima.

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Después me va a pedir si puedo probar si yo llego y cuando suba a la escalera se saca la bata, me baja el pantalón, empieza a chuparme la pija y le acabo en la boca. Traga mi leche, sigue hasta que cuando se me para de nuevo le empiezo a hacer la cola diciéndole de todo. Mientras caminamos hasta este la agarro de la cintura poniendo mi mano notoriamente sobre su cola.

Yo le meto la mano debajo de la pollera manoseandole la cola, empiezo a besarla, al salir lo hacemos junto con otra vecina y ella me dice que le encanta que le toque la cola pero su vecina va a pensar que es una tremenda puta que se deja tocar por el marido de su hija y hasta le manoseo la pija en medio del super. Le respondo que después de eso apenas tienen una mínima idea de lo puta que es porque no tengo ninguna duda de que si en el ascensor saco la pija ella me la chupa delante de su amiga.

Al rato llegamos al edificio entramos con mi mano agarrandole groseramente la cola, subimos al ascensor, hago que me la chupe, bajamos en el piso de ella y en el Hall aprovechando un masetero la pongo en 4 apoyada sobre este le levanto el vestido. Relatos Eróticos.

Relato de sexo con mi suegra con permiso de su hija

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ME QUEDE DORMIDA EN LA CAMA DE MI YERNO Y ME DIO DURO

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De limpieza con mi suegra la cachonda - Relatos Eróticos

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Así, siempre que llega el mes de marzo, y aprovechando la llegada de la primavera, mi suegra decide limpiar, cara al verano y a los fines de semana con buen tiempo, el chalet que tienen en la costa, y para eso pide la ayuda de su hija mayor mi mujer y la de su marido, que es este humilde servidor. Como buen yerno que soy, acepto y nos vamos todos a faenar. Pero este año, uno de nuestros hijos estaba enfermo y mi mujer tuvo que quedarse en la ciudad. Yo mantuve el ofrecimiento y mi suegra no puso ninguna pega a encargarnos nosotros dos solos de la limpieza.

Para entrar en materia, que es lo que nos interesa a los que leemos este tipo de narraciones, he de deciros que mi suegra es una mujer de 63 años muy bien llevados.

En cuanto a mi se refiere, tengo 41 años, mido 1,70 metros y, sin ser un atleta, estoy en una forma física excelente debido al deporte que realizo desde hace años. Naturalmente, los hechos que voy a relatar a continuación no se desencadenaron con la rapidez que acostumbro a leer en escritos similares. Precisamente creo que fue la abundancia de Rioja, tres generosas copas, las que hicieron que mi suegra aumentara su ya habitual locuacidad y, su desconocida para mi, desinhibición.

De pronto, noté como un pie desnudo se situaba en mi entrepierna.

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Os juro que en cualquier otra situación hubiera sospechado de cualquiera antes que de mi suegra. Ante mi atónita mirada aparecieron dos hermosas tetas ceñidas en un elegante, discreto y transparente sujetador. Entonces dio un paso hacia mi y me hizo comprender que aquello no iba a parar en un simple striptease. A continuación, nos coordinamos de idéntica manera para deshacernos del calzoncillo.

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Sin embargo, casi al instante, tuvo que dejar salir parte de la tranca que, por segundos, se dilataba hasta el punto de provocarle alguna arcada. Yo comencé a acariciarle la espalda caldeada por el sol de media mañana y, deteniéndome en el broche del sujetador, maniobré en él hasta liberar sus pechos. Siempre me había sorprendido lo erótica que era la lencería que usaba mi suegra cuando la espiaba en el tendedero de la casa de campo, pero ahora, puesta sobre aquel veterano cuerpo, me di cuanta que realmente no le quedaba nada mal.

La imagen con que me obsequió mi suegra resultó, de nuevo, una agradable sorpresa.